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La remontada radical que dieron los precios en los últimos tres meses vuelve a poner a prueba la capacidad de los analistas – y de los productores – en base a los fundamentos y aspectos técnicos a disposición, de armar un escenario medianamente confiable sobre evolución de los precios y tomar decisiones comerciales basadas en esto.
Hoy en día mucha gente se lamenta por los precios a los que empezó a vender, entre 310 y 320 dólares por tonelada (incluso pese a haber generando un margen mínimamente positivo), sobretodo mirando los precios de hoy en día en el mercado disponible, algunos de los que llegan a 410 dólares. En otras palabras: 100 dólares por encima de hace tres meses. 
Analizando los motivos de esta suba, éstos se dieron – una vez más – a partir de fuertes recortes en la cosecha de maíz y soja en el Mercosur, ante los desastres climáticos conocidos: seca en el nordeste de Brasil y Uruguay, lluvias e inundaciones en Argentina, Uruguay y sur de Brasil. Los problemas derivados del clima suelen ser los que producen los movimintos más fuertes y los efectos más rápidamente en el mercado. 
Mientras que la demanda suele ser mucho más suave en su evolución (crecimiento o caída), la oferta se maneja por expectativas de precio – previo a la siembra – las que terminan reflejando esa disposición a capturar subas de precios a través de mayor siembra/producción. Sin embargo, una vez tomada la decisión de sembrar, pasarán por lo menos seis meses para tener el cultivo pronto y cosechado. El clima, por el contrario, tiene consecuencias inmediatas, pudiendo hacer recortar de un plumazo 5 millones de tons, como sucede actualmente en Argentina y Brasil.
Mirando la posición comercial de los fondos de inversión especuladores en Chicago, quienes  siempre están un paso antes para darle volatilidad a los precios a través de sus apuestas alcistas o bajistas, sobre mediados de marzo pasaron – en sólo una semana – de estar históricamente vendidos en contratos de soja, a estar muy comprados, después de haber revertido su posición vendida (bajista) a uno de los ritmos más fuertes desde que se llevan registros en Chicago, reflejándolo sobre los precios inmediatamente.
Considerando que los datos de demanda por soja en China prácticamente nunca dejaron de crecer, mientras los fondos estaban vendidos – apostando por bajas – los precios se mostraban flojos, en el entorno de 330 dólares en Chicago (310 en Uruguay). Fue sólo una vez que los fondos empezaron a animar al mercado comprando contratos que, los mismos precios que se mostraban bajos pese a la demanda externa fuerte pasaron a escalar, lentamente primero y violentamente después.
La harina de soja fue – es – fundamentalmente la gran animadora del mercado, habiendo recuperado alrededor de 50% en los últimos meses, a partir de una demanda preocupada, que veía cómo Argentina (principal productor y exportador de esta harina) estaba sumergido literalmente por las inundaciones, que siguen reflejándose hasta hoy en los atrasos logísticos que todavía arrastra en las diferentes etapas (cosecha, transporte a planta, molienda, embarques marítimos). Ante esto, los importadores de harina de soja argentina (que son otros clientes diferentes de China), ya nerviosos por la situación decidieron empezar a comprar barcos de harina en EEUU y futuros de harina en Chicago, haciendo explotar los precios de este subproducto. 
Las industrias de molienda de EEUU compiten por el poroto de soja con el sector exportador de poroto y de harina de soja (la que abastece a los clientes de harina de Argentina que se corrieron a comprar a EEUU). Las fábricas de harina de EEUU entonces empezaron a vender futuros de harina  - aprovechando los altos precios, lo que fue agregar más leña al fuego –  mientras compraban futuros de soja, para asegurarse la materia prima. 
Un combo explosivo, que – sumado a la psicosis generalizada y con la incertidumbre por el impacto final de las pérdidas en Argentina – fueron todos ingredientes como para armar un mercado muy nervioso, que empezó a ver a la demanda real buscando asegurarse producto mientras los fondos especulativos, como siempre, estaban al acecho para agregar nafa al fuego. 
Tras los problemas en el Mercosur, el USDA se despachó el 10 de mayo pasado con un informe extrañamente alcista, en donde la autoridad agrícola de EEUU pronosticaba fuertes recortes en los inventarios finales de la zafra disponible estadounidense (la que está guardada en los silos) mientras que todavía mayor fue el recorte que hizo para los inventarios finales de la zafra de EEUU que está terminándose de sembrar. El USDA es conocido por ser conservador al extremo, solamente recortando cuando no tiene más remedio y mucho tiempo después de lo que el mercado le exige sincerarse. 
De la misma forma, mantuvo su instinto conservador con la cosecha sojera del Mercosur, recortando los pronósticos de forma tan irrisoria como mezquina, dejando flotando la sensación de haber vuelto a subestimar las pérdidas de la cosecha sudamericana. Al cierre de este artículo, coincidiendo con el día de publicación del informe correspondiente a junio, el USDA volvió a corregir fuerte a la baja sus inventarios finales propios, empezó a recortar más fuerte los de Brasil (en maíz y soja), mientras que mantuvo su cálculo de mayo para Argentina. 
Los cálculos para EEUU aparentemente están hechos en base a fundamentos con clima relativamente normal. El recorte de este nuevo informe podría deberse a los pronósticos climáticos que aumentan la probabilidad de una año Niña para la zafra estival en EEUU, lo que implica menor nivel de lluvias: condiciones más secas para el desarrollo de los cultivos.
En resumen, los fuertes aumentos se han dado en base a la debacle climática en Sudamérica, tras la que fueron los fondos, previendo los problemas que vendrían con las pérdidas y retrasos en la cosecha de Argentina, poniéndose a comprar agresivamente contratos y, por ende, haciendo subir los precios, en lo que termina siendo la profecía autocumplida: creo que el precio va a subir y por eso entro a comprar fuerte, lo que por sí mismo termina provocando los aumentos.  Y esto sin considerar que, pese a que la subestimen, la demanda china por poroto de soja siempre estuvo. Y más fuerte que nunca. 
El mercado climático que actualmente está dándose en EEUU llega con un mes de anticipación, cuando generalmente lo hace al mes aproximadamente de completada la siembra. El mundo acaba de asistir al desastre argentino, por lo que parecerían poner a remojar las barbas, conscientes de lo que puede llegar a provocar el clima. 
Con los datos actuales, los inventarios finales de soja en EEUU serían todavía más del doble de los niveles de existencias frente a los que la soja cotizaba a más de usd 500, aunque actualmente la combinación de factores está llevando a los precios a superar los usd 400 a levantar de chacra, para la zafra nueva en EEUU. Brasil es todo un tema en sí mismo y ya tiene precios para mercadería puesta en puerto de alrededor de 460 usd/ton. 
¿Hay forma de prever todo esto? Seguramente no con este grado de detalle. Lo que sí existen son los instrumentos que ayudan a cubrirse de eventuales bajas que, en momentos como el actual, es fundamental poder fijarse el margen por tonelada pretendido y, así, trancar un precio objetivo, por lo menos para calzar costos y después seguir prendido de posibles alzas posteriores en el mercado. Armar diferentes escenarios y sus estrategias correspondientes, con tiempo, planificando y con profesionalismo.
Lo mejor de todo, es que esto no implica ni comprometer kilos ni calidad, ambos elementos que faltaron en la presente zafra en Uruguay. Que los precios actuales de 420 dólares no pueden ser capitalizados por los productores, con la mayoría vendido en 320, es cierto pero sólo parcialmente. La nobleza que el uso de seguros de precios (puts) tiene es el de construir un piso al precio final de venta, independientemente del momento en el que termine vendiendo el grano físico. Además implica beneficios financieros, por menor uso de flujo y liberación de éste para cancelar otros compromisos. Desde el aspecto tributario también representa una ventaja, al estar exento de impuesto a la renta, en caso de hacer un margen positivo en Chicago.
Entonces, usando puts, cubriendo y calzando costos, uno puede estar tranquilo de haber atado buena parte de los costos, asegurándose un piso efectivo en el precio de venta final. Y después sí, poder ir a cuanta charla de mercado y futurología que se quiera, con varias alternativas a disposición, mientras todos esperan por un salto en el precio del grano físico como única estrategia comercial.
 
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