Setiembre, mes de la primavera en Uruguay y en el resto del hemisferio sur. La gente reservando semilla, calibrando las sembradoras y aprontando todo lo necesario para entrar en las chacras. En el hemisferio norte, es todo lo contrario, por lo que se siente el peor momento de precios, estacionalmente, debido a la presión creciente de cosecha de cultivos de verano en EEUU.

Así, el productor en Uruguay se encuentra con el peor panorama posible para tomar decisiones, al momento de entrar a sembrar, considerando que el hecho de hacerlo ya lo decidió tiempo atrás, aunque cada vez más haciéndolo a último momento, ante el escenario de precios tan deprimidos.

Los precios de EEUU siguen los ciclos de Chicago, sea porque hay presión de cosecha (actualmente) o por efecto escasez (suba estacional) porque se entra en la siembra (por marzo/abril). A partir de entonces, quienes allí compran, se deciden por mantenerse operando o por mirar hacia Sudamérica, por resultar más competitiva, en ese juego de contra estación que suele jugarse todos los años.

Pese a estos ciclos, es sabido que en los últimos años se ha dado el empalme de cosechas, lo que no hace otra cosa que solapar las producciones en el mercado, inundándolo, con el consiguiente efecto de precios. Entonces, estamos ante un año en donde el Farmer estadounidense se mantiene todavía vendido por debajo del promedio histórico (50 vs 70% aprox), lo que refleja la disconformidad con los valores actuales. Del mismo modo, Argentina y Brasil, que producen en el mismo ciclo que Uruguay han venido retrayéndose también en el mercado, llevando la soja disponible a convertirse en un activo financiero y especular con vender lo mínimo necesario, a la espera de mejores valores.

Claro que cada decisión tiene su costo y cada uno sabe en donde le aprieta el zapato. EEUU aparentemente levantará una cosecha muy importante nuevamente, tal vez no récord, pero lo suficiente como para ahogar cualquier intento de rebote al alza sostenible en el tiempo. Y en la medida que la retención vaya dando resultado, léase hacer subir los precios, el productor saldrá al mercado a capturar las subas o rallies. Es algo razonable.

Para tener en cuenta, setiembre es un mes históricamente de presión de cosecha en EEUU. La producción empieza a entrar en los canales comerciales, hasta saturarlos incluso.

La infraestructura de almacenaje tiene mejores condiciones para el maíz, el Farmer tiene puesta la camiseta del cereal más que la de la oleaginosa, por lo que suelen darle la prioridad al maíz sobre la soja. Por tanto, la soja suele levantarse siguiendo los pasos del maíz y cuando éste ya se encuentra guardado, por lo que queda menos espacio disponible para manejarla. Las opciones alternativas son más caras, como silos bolsa, por lo que en algún lado debe dejarse tanto poroto junto.

Los medios de transporte (camiones, barcazas, barcos de ultramar) suelen ser usados como bodegas móviles, de forma incluso de bajar costos logísticos, por lo que puede entenderse como la baja en los precios en esta época del año responde también a un tema de espacio disponible.

Hay que sacar la soja a como dé lugar (lo mismo ocurre con el maíz, aunque en menor medida), por lo que la famosa presión de cosecha se refleja en toda la cadena logística, de transporte y trasladando su efecto a los precios. El problema no es el efecto estacional, propio de la época, sino el efecto año. En otras palabras: que sea ciento cincuenta dólares por abajo del año anterior.

Así como el efecto es propio de esta época, también debe evaluarse el momento justo para decidir ventas que comprometan físico, ya que este panorama es dinámico y cambiante. Venderse en primas cuando los precios son buenos, es una buena forma de quedar atado a la fuerza del mercado. Pero cuando los valores son malos, como actualmente, atarse a primas es perder todavía más de lo que se viene perdiendo, con el agravante de haber comprometido volumen físico y calidad.

¿Qué hacer mientras tanto? Analizar y evaluar pros y contras de usar opciones o futuros, que no se compromete entrega de un solo kilo. Sin recetas ni recetazos al barrer, porque cada empresa es un mundo, con sus propias fortalezas, debilidades, objetivos y necesidades. Sacar costos y expectativa de precio de forma realista, afinar el lápiz y quizás incluso descartar cualquier alternativa que no sea quedarse quieto, sin hacer nada hasta que aparezca una oportunidad.

Incluso así, que la decisión que se tome finalmente, signifique un análisis previo, realista, sincero, que quizás no implique obtener un mejor valor por tonelada, pero sí mejorar márgenes y bajar el riesgo precio, que es lo que al final de cuentas permite volver sustentable al negocio.

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