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La importancia del plan comercial II


Fimix

 

Hace algunos números de Revista Agronoticias, comentamos acerca de la importancia de tener un plan comercial armado con tiempo. 

Leer más: La importancia del plan comercial II

Tercer Seminario de Futuros y Opciones, lunes 26 de setiembre en Trinidad (Flores) 

Lecheria

 
Como adelanto de la nueva zafra agrícola de verano, el próximo lunes 26 de setiembre se reunirán en Trinidad (Flores) los más destacados líderes de agronegocios del Mercosur y EEUU. FIMIX agrofinanzas y la Bolsa de Chicago (CME Group) traen por tercera vez al Uruguay al mayor mercado mundial de commodities. Lo que hace algunos años arrancaba como algo desconocido para la mayor parte del mercado uruguayo, hoy en día es una realidad, de uso imprescindible en todas aquellas empresas agropecuarias que buscan perdurar en el tiempo, volviendo más sustentable su negocio a través de un manejo profesional del riesgo precio. A los seminarios de capacitación intensiva en futuros y opciones que se impartieron en los dos eventos anteriores, este año se sumará las herramientas disponibles para la gestión del riesgo en el mercado de ganado, también tomando Chicago como referencia. En los últimos años, el productor agrícola en Uruguay empezó a incorporar esta herramienta fundamental para el negocio agrícola actual, en base a lo que es posible competir con sus colegas del resto del mundo. En EEUU y Argentina, por decir sólo algunos países, se utilizan estas herramientas desde hace más de un siglo, lo que de alguna forma termina avalando por sí mismo la validez del instrumento. La agricultura en Uruguay ha cambiado drásticamente frente a lo que fue hasta principios del siglo XXI. Hoy en día, se ha avanzado mucho en tecnología de maquinaria, paquetes de semillas, fitosanitarios y fertilizantes. Puede ubicarse a Uruguay en la vanguardia respecto al parque de maquinaria y a la disponibilidad de servicios agrícolas, por parte de empresas contratistas. Lo que no ha acompañado en la misma
 medida es la gestión comercial y financiera de los establecimientos, en donde queda todavía mucho camino por recorrer, para volver más sostenible el negocio a largo plazo. A medida que va pasando el tiempo, más productores van valorando la nobleza de estas he
rramientas y, capacitaciones y análisis mediante, empiezan a integrarlo al interior de sus empresas. Incluso, muchos de esos productores, son los que han empezado con el tiempo a interesarse en aplicarlos a otros rubros de explotación. Uno de ellos, es la ganadería de carne. En base a la experiencia, los productores invernadores empiezan a necesitar gestionar cada vez mejor su negocio, incorporando paquetes tecnológicos al igual que en agricultura, lo que los lleva al punto de necesitar de nuevos instrumentos comerciales que habiliten la cobertura de precios y captación de valor, minimizando su exposición al riesgo. Además de las autoridades de la escuela de commodities de la bolsa de Chicago (CME Group), estarán presentando los presidentes de la Asociación Brasilera de Agronegocios (ABAG), de la Asociación de Productores de Soja del Paraguay (APS), de uno de los mayores brokers de soja de Mato Grosso, quien maneja él sólo seis millones de toneladas de soja anuales o, dicho de otra forma, dos veces la producción uruguaya. Desde FIMIX estamos convencidos del valor de la capacitación como pilar fundamental para profesionalizar la gestión agropecuaria de forma integral y hacia eso apuntamos. De la misma forma que organizamos seminarios aproximadamente una vez al año, estamos el resto del año trabajando con los productores en grupos de capacitación, en donde en base a análisis previos, nos enfocamos en el armado de estrategias prácticas, sencillas de incorporar, económicas y, sobretodo, útiles para las empresas. Los resultados se van viendo al andar y haciendo experiencia, con empresas que han avanzado de forma notable desde que empezaron a adoptar estas herramientas hasta la actualidad. Toda su gestión integral ha conseguido mantenerlos en el negocio, así como volver más atractivo su perfil financiero, en caso de necesitarlo. Por eso lo del principio, los invitamos a venir y participar de esta jornada única, 
sin más interés que la posibilidad de mostrar los que los referentes mundiales están haciendo hoy en día para seguir en el negocio y poder apostar al futuro. Como frutilla de la torta, parte de lo recaudado será destinado a la obra del Liceo Francisco de Paysandú. Juntarse con los referentes y aprovecharlos al  máximo. Ayudarse y ayudar 
a otros. La fórmula ideal. Los esperamos el lunes 26 de setiembre, en Trinidad (Flores). Lugares limitados FIMIX agrofinanzas Por consultas e inscripciones: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Tel: 2710

Leer más: Tercer Seminario de Futuros y Opciones, lunes 26...

¡Funciona! Uso de opciones en caso de emergencia
 
Es usual escuchar la afirmación popular que en Uruguay podemos llegar a tener las cuatro estaciones en un solo día, en referencia a la variabilidad del clima en nuestro país. De hecho, los analistas climáticos – y la evidencia de los hechos – demuestran que en nuestro territorio se forman diferentes fenómenos climáticos extremos difíciles de predecir, por encontrarse en una zona de transición. 
Algo de esto – quizás más de lo que en principio puede pensarse – tiene varios puntos de contacto con la variación de los precios agrícolas de aquellos productos que cotizan en la bolsa de Chicago.
Volviendo al paralelismo del principio, si algo caracterizó a la última zafra de soja, fue la variabilidad de situaciones – en muchos casos opuestas entre sí – y lo violento de los cambios, en tan poco tiempo. En otras palabras: volatilidad en su máxima expresión. 
Entre octubre de 2015 y fines de febrero 2016, los precios en Chicago se mostraron planchados, entre el máximo de 9,20 y el mínimo de 8,60 dólares por bushel, siendo un rango equivalente a entre 338 y 316 dólares por tonelada. La amplitud entre los precios máximo y mínimo hasta un mes y poco antes de arrancar la cosecha, entonces, fue de sólo 22 dólares, aproximadamente. Sólo hasta 8 dólares por encima de 330 dólares y hasta 15 dólares por debajo de ese valor.
 Los problemas climáticos que se sucedieron posteriormente, fundamentalmente en Argentina y Uruguay desde mediados de abril hasta mediados de junio, llevaron los precios desde los 9,20 hasta 11,50 dólares por bushel, equivalente a 422 dólares por tonelada, aproximadamente. 
Es decir que los precios pasaron de un rango de movimiento de veinte dólares en promedio a una variación de 230 centavos (2,3 dólares) por bushel u 85 dólares por tonelada, aproximadamente. 
Visto así en perspectiva, la variabilidad tan fuerte de los precios en tan poco tiempo (volatilidad) fue mucho mayor durante el período de cosecha que durante del ciclo del cultivo, cuando generalmente la presión de cosecha podría ejercer su efecto sobre los precios. 
Considerando esta situación rápidamente, al final de cuentas lo que hace la diferencia para las empresas no es si los precios variaron más o menos sino lo que se pudo hacer mientras se daban esos movimientos tan violentos. 
Hoy en día, con el diario del lunes, muchos sostienen que las ventas a 422 dólares por tonelada en Uruguay, fueron virtuales, debido a las mermas en los rindes, los descuentos que se dieron por castigo a las calidades, costos por secado, compensación a los compradores, por no cumplir con lo pactado en los contratos, por efecto del clima, etc. 
Toda esta argumentación queda puesta en duda, cuando empieza a analizarse la chance de  capturar toda la suba de Chicago, incluso después de haberse desprendido del grano físico en Uruguay.
Los casos que tuvimos de los clientes de FIMIX, como en todo, fueron de todo tipo.
Hubo gente que, sin operar en Chicago, empezó a vender en la medida que el precio en el mercado físico en Uruguay (único del que podían aprovechar) le cubría sus costos de producción, teniendo siempre claro cuáles eran éstos pasados a dólares. 
Si bien, debido a los descuentos comentados más arriba, los costos terminaron siendo más altos que antes de los problemas climáticos, en la medida que el mercado empezó a escalar en precios, el productor empezó a vender escalonadamente, de a uno o varios lotes, aprovechando las oportunidades que sus compradores le iban dando, apoyado en las preocupaciones que surgían de a cuánto ascenderían las pérdidas en Argentina, por estar la cosecha abajo del agua. 
Otros clientes, venían sin operar en opciones debido a la muy poca volatilidad ofrecida por el mercado en los primeros cuatro a cinco meses del ciclo (comentado más arriba), ya que a los niveles de precios manejados hasta ese entonces, el costo de comprar un seguro de precio a la baja (put) no desquitaba la búsqueda de asegurar un precio mínimo que, por sí mismo, no lograba ni cerrar el costo de producción. En términos prácticos era comprar algo que no servía para la situación de ese momento. Siempre es caro comprar algo, por barato que sea, si al final no podría cumplir con la función por la que se lo compró.
Mientras el clima era relativamente normal en el Mercosur, durante la última zafra de verano, se esperaba una excelente cosecha de soja en Argentina, mientras que en Brasil también se preveía buenos números. 
El panorama de precios planchados hasta abril hizo que varios vieran en los calls (seguro de precio, a la suba) la última oportunidad de capitalizar subas que pudieron darse – o no – en el mercado, entrando a comprarlos cuando fueran muy baratos y vendiéndolos cuando resultasen muy caros, sólo por tema de oferta y demanda e independiente de la pérdida de valor por el factor cronológico.
Con clima normal, la tendencia era levantar cosechas inmensas, por lo que la compra de calls obedecía únicamente a los bajos precios de estos seguros que, por un tema de oferta y demanda, cuando menos valen es cuando nadie los quiere porque el mercado va en descenso y su uso pierde sentido. En ese punto fue que varios entraron a comprarlos, esperando por un revés climático de último momento que terminara valorizándolos y, por ende, arrimando algunos dólares que compensasen los que se escurrieron durante la zafra. La estrategia: especulando con instrumentos de cobertura. Jugando fuerte para ganar fuerte, la única forma de dar vuelta una zafra tan adversa.
En la medida que los precios empezaron a explotar, algunos compraron calls muy baratos – a precios tan ridículos como 3 dólares por ton – y los terminaron vendiendo, en la mayoría de los casos durante la escalera alcista, a 15, 20, 30  dólares por tonelada (y más incluso), pudiendo cerrar una diferencia de precio superior a 25 dólares por ton. 
Otros esperaron que, en la medida que los precios subían sin freno, los puts (seguro de precio a la baja), empezaron a perder valor, basados en el mismo concepto de oferta y demanda, que cuando los precios suben ningún vendedor quiere ponerle techo a esas subas, por lo que estos seguros empiezan a valer cada vez menos. 
Muchos esperaron hasta que el costo del put les cerraba con su ecuación y empezaron a comprarlos a precios tales como  4 o 5 dólares por ton (y menos, incluso), para empezar a venderlos en la escalada alcista de precios, cuando el mercado se va recalentando y quedándose cada vez con menos argumentos que sostengan nuevas subas. En este caso también se vendieron los puts con diferencias de precio que permitió captar 60, 50, o 40 dólares por tonelada.
Otros productores, que no operan en Chicago especularon al 100%, no se movieron en toda la zafra y, de la noche a la mañana, se encontraron con el grano almacenado (costos y mermas productivas mediante) a 420 dólares por tonelada, en el mercado físico de Uruguay. Algunos vendieron todo un poco antes de llegar a estos valores, otros vendieron todo a estos precios y otros empezaron a vender cuando empezaron las bajas. Los menos, todavía siguen esperando precios ‘’un poquito mejores’’.
Esta zafra, como hace años no se daba, la volatilidad del final del ciclo (por problemas climáticos) derivó en oportunidades para quienes ya tenían un plan comercial armado e incluso para aquellos que, sin tenerlo, estuvieron lo suficientemente atentos para hacer jugar a su favor, en los descuentos, a un mercado hostil durante casi los 90 minutos del partido. 
Las tendencias y pronósticos pueden mostrar una foto, pero de nada sirven frente a los avatares climáticos. Puede analizarse un mercado desde todos los ángulos, e incluso así, nadie va a saber a ciencia cierta para dónde arrancarán los precios. 
Lo importante – queda demostrado una vez más – es lo que se hace para cubrir el margen y poner el negocio a resguardo incluso del mismo clima del que depende.
 
 

Prontos para aprovechar las oportunidades

 

 

 

Mientras las tormentas se desatan con toda la fuerza en el Medio Oeste, en el cinturón maicero y en las planicies trigueras de EEUU, Chicago atraviesa momentos de turbulencia, con un mercado volátil e hipersensible, en donde los pronósticos climáticos se miran con lupa y varias veces al día. 
La volatilidad ha vuelto al mercado, de la mano de los fondos de inversión, quienes han traído nuevos capitales en búsqueda de negocios rápidos y márgenes atractivos. Prueba de esto es cuánto se han valorizado las opciones (particularmente los puts) en los últimos tiempos. 
Estas herramientas hacen las veces de seguros de precios, en los cuales se posicionan quienes quieren cubrir su margen y gestionar el riesgo precio, ejecutándolos en los casos en que el precio cae por debajo de la referencia tomada (en los puts) o cuando sube por encima de aquellas (en el caso de los calls).  
Al cabo de cuatro meses - desde marzo hasta julio – los precios de la soja subieron alrededor de cien dólares por tonelada en Chicago (y en Uruguay) cuando entre octubre de 2015 y marzo de 2016 – casi todo el ciclo de la soja – las variaciones no llegaban ni a los quince dólares por tonelada. 
Si bien la demanda china – y la interna en EEUU – siempre se mostró cada vez más firme y algunos indicadores siempre mostraron solidez – importaciones de soja en China cada vez mayores, tasas de interés bajas, exportaciones de EEUU fuertes, entre otros – no fue hasta que los fondos entraron en masa en contratos de soja, apostando a subas posteriores, para que los precios de la oleaginosa empezaran a reaccionar, a subir primero, y a ganar volatilidad por subas y bajas violentas que han llevado a que valga la pena el uso de opciones.
Lo rescatable de todo esto es que, para arriba o para abajo, los precios muestran una dinámica como hace tiempo que no lo hacían. Hoy en día es posible plantearse estrategias que permitan hacer un margen, tanto con un mercado alcista como con uno bajista, ya que las variaciones siguen siendo bruscas. EEUU está atravesando un mercado climático anticipado para soja, lo que ha llevado a esas sobrerreacciones de los operadores, hasta tanto no se empiece a verificar si los pronósticos se corresponden – o no – con la realidad. 
Mientras todo siga siendo expectativas, como actualmente, seguramente presenciemos las mejores oportunidades para captar valor. Los mercados venden el rumor y compran el hecho – es una de las frases de cabecera de quienes hacen trading electrónico – por lo que todo aquello que no termine adaptándose a los motivos por los que ellos tomaron alguna posición, será el disparador para que realicen la operación contraria.
Para eso, es importante tener claro un plan comercial. Saber a qué precios comprar las opciones, si esos costos (o primas) valen la pena ser pagados comparándolos con los valores a los que queremos vendernos o comprarnos. Tener claro los niveles de resistencia (techo) y de soporte (piso) entre los que podría llegar a moverse nuestro precio objetivo. Conocer cuál es la liquidez del mercado, cuántos compradores hay para el precio en el que queremos activar nuestra venta. 
Estos son sólo algunos de los aspectos a evaluar al momento de plantearnos la operativa en opciones. No tener tiempo durante el día por estar ocupado en tareas más demandantes no es motivo para no haber trazado previamente el plan, que posteriormente puede ser ejecutado, ya sea a través de un asesor registrado ante el BCU, así como en forma automática, en base a valores de ejecución y de salida que es posible programarlos con anticipación, en un simulacro de evolución de precios. 
La definición de ese plan, los márgenes que uno quiere alcanzar y los precios objetivo que uno debe trazarse son todos elementos que pueden ser evaluados y discutidos al momento de definir la estrategia comercial, la que debe ser lo suficientemente flexible como para permitir adaptarse a los cambios de tendencia, si la situación lo amerita. 
En resumen: para aprovechar el filón que el mercado todavía está habilitando, lo primero de todo es saber desde qué punto se parte y hacia dónde se quiere llegar, pero sobretodo actuar en consecuencia. 
De lo contrario, sólo seguiremos lamentándonos por no haber capitalizado las oportunidades que el mercado generó (y después eliminó) sin pedirnos kilos ni calidad a cambio, además de poder generar beneficios exonerados de impuesto a la renta, por ser generados en el exterior.
 
FIMIX agrofinanzas
 
 
 
 

SI VAMOS A HABLAR DE SOJA… ES EL MEJOR NEGOCIO QUE HAY


 

Empezando marzo de 2016, ya con la llegada de las esperadas lluvias en febrero, los cultivos de soja – nobles como son – muestran mejoras generalizadas inmediatas. Para algunas chacras sembradas con soja de primera las aguas llegaron demasiado tarde aunque, en la mayoría de los casos, lo hicieron a tiempo para no perder demasiado potencial de rinde y empezara expresarlo en la medida que el agua acompañe. En las segundas, las lluvias llegaron en pleno período vegetativo, lo que da la expectativa de buenos rindes en caso de mantenerse el régimen de precipitaciones.
Lo que poco ha cambiado ha sido la variabilidad en el precio de la oleaginosa, desde la época de siembra en octubre 2015 hasta marzo de 2016. En ese lapso de cinco meses, considerando la posición julio de Chicago (referencia en el mercado uruguayo) ésta abrió a 8,90 USD/bushel (usd 327/ton) el 05 de octubre, mientras que el cierre del 03 de marzo de 2016, la misma posición cotizó a 8,83 USD/bushel (USD 324/ton). Esto sin mencionar que en julio del año pasado, el mismo contrato (julio 2016) llegó a cotizar a USD 10,18/bu (USD 374/ton). Esto es: un año antes, uno podía venderse en Chicago a ese precio, cubrir costos altos y, así y todo, hacer un buen margen.
Si uno se guía por este precio sin analizarlo demasiado, quizás pueda pensar que el producto soja, cuyo contrato julio de Chicago se toma como referencia para ponerle precio a la producción uruguaya, se desvalorizó durante esos cinco meses en tres dólares por tonelada. El asunto, pues, es bastante más profundo y complejo.
En primer lugar, la baja en el precio de la oleaginosa está inserta en un rango de variaciones que se dieron durante estos cinco meses. En ese período, el valor máximo lo alcanzó el 12 de octubre, cuando llegó a tocar 9,32 USD/bu (USD 342/ton). Al mismo tiempo, el mínimo lo alcanzó el 23 de noviembre, cuando cotizó a usd 8,53/bu (USD 313). Tenemos entonces que, hasta el 3 de marzo de 2016, el precio de la soja en Chicago en la posición julio, navegó entre los USD 313 y los USD 342 por tonelada, lo que nos da un rango o banda máximo (en base a cierres diarios) de USD 29 dólares por tonelada de variación.
Independientemente de los promedios, lo importante que muestra este rango de variación de precios, es que la venta de soja tomando como referencia este contrato de Chicago, no queda sujeto a un único precio, sino que éste varía con el tiempo conforme se cierran negocios entre compradores y vendedores de futuros en la bolsa de Chicago.
Considerando solamente una caída de tres dólares en los últimos cinco meses, sin venta ninguna de grano en el mercado local, seguramente la mano venga complicada. En ese lapso, sin venta alguna en Uruguay, habrán pasado los meses, en donde se habrá tenido que financiar algunos gastos – mediante la fuente que sea – ante la falta de liquidez debido a no cerrar negocio, lo que genera – además del costo de oportunidad correspondiente por no vender – un costo financiero asociado.
Lo que Chicago otorga al productor agrícola que en él opere, es la oportunidad de hacerlo vía seguros de precio. Cualquiera que opere en este mercado, toma un precio de venta referente en el que le cierre el negocio. Si después el precio sube, mejor para el que opera, que siempre querrá que su precio sea mayor. De esa forma, el costo será el de haber comprado el papel (seguro de venta, o put). En caso que el precio baje del valor al que se fijó el vendedor, es el mercado quien le paga la diferencia respecto al precio al que estaba vendido, por lo que es la mejor forma de administrar el margen, e independizarse del precio nominal. Y esto, sin haber tocado un grano físico, pudiendo después vender en el disponible con el margen ya asegurado en Chicago e independiente del precio de pizarra en Uruguay.
En resumen, esto es como el seguro del auto. Lo contrato a un costo (póliza), pero no por eso salgo corriendo a chocarlo en la primera esquina para que la aseguradora me pague. Después, si no lo choco, mejor para mí y solamente asumiré el costo de haber contratado el seguro para estar tranquilo, ya que perdería mucho más en caso de chocar, romper el auto y no contar con seguro, además de todas las responsabilidades asociadas de esto.
Los (mal llamados) seguros de precios, vía opciones (puts y calls) es la vía de entrada más básica al mercado de futuros de Chicago, el que implica mayor seguridad en su uso sin tener que pagar un costo alto de aprendizaje por prueba y error, limitando claramente cualquier posible pérdida.
Durante los años de precios de la soja a USD 500/ton, el mercado de físico en Uruguay dio la posibilidad – en los hechos – de usar puts (‘’seguro’’ de venta) de forma gratis ya que, por más que el productor vendiese su grano en el mercado disponible uruguayo, el propio mercado físico le daba nuevas oportunidades sin tener que afrontar el costo de ese seguro ya que subía constantemente como reflejo de lo que pasaba en Chicago. Uno vendía el grano y volvía a subir al poco tiempo, sin uno haber pagado nada por ello.
Hoy en día la realidad es muy diferente. Con precios casi iguales que hace cinco meses en Chicago y de usd 300/305 en Uruguay – cuando el productor tomó la decisión de sembrar – hoy en día el partido se juega en otra cancha. Pasada la marea alta, queda la resaca y ésta muestra los sistemas de costos y las ineficiencias de las empresas. De tres años para atrás, lo precios daban la chance de producir y hacer buenos márgenes solamente porque había una demanda tal que pagaba usd 600 por esa soja. Se trataba de una demanda nerviosa, ante la escasez de producto en el mundo, situación opuesta a la actual.
Hace tres años, podía verse rentabilidades promedio de 35 a 40% (TIR), solamente tomando fondos y produciendo en el ciclo productivo a seis meses. Pese a haber caído el precio casi 40% de dos años a estar parte y haber subido los costos en ese lapso, aún hoy en día la soja sigue siendo el mejor negocio agropecuario en Uruguay. Actualmente, bajo un esquema de gestión comercial bien planificada, vendiendo grano físico en el mercado uruguayo y usando las herramientas financieras que están a disposición para cubrir el riesgo variación de precio y que son usadas desde hace décadas por agricultores/competidores de Argentina, Brasil y EEUU, se puede obtener rentabilidades del entorno de 13% (TIR), con un régimen de lluvias que acompañe el desempeño del cultivo, como en cualquier rubro agropecuario.
Hay que ser sincero al momento de hacer este número y considerarlo como negocio agrícola independiente y aislado, en el ciclo que dura el cultivo. No vale que la soja siempre subsidie otros rubros, como la ganadería, el cultivo de invierno o el puente verde. Si eso se hace, también debería hacerse lo propio con los otros rubros, lo que seguramente lleve a concluir que dan margen negativo y – en todos los casos – demostrará una vez más que la soja sigue siendo el cultivo más rentable de la agricultura, bajo gestión empresarial eficiente.
FIMIX agrofinanzasFIMIX copia

Hacia dónde apuntar

 

La remontada radical que dieron los precios en los últimos tres meses vuelve a poner a prueba la capacidad de los analistas – y de los productores – en base a los fundamentos y aspectos técnicos a disposición, de armar un escenario medianamente confiable sobre evolución de los precios y tomar decisiones comerciales basadas en esto.
Hoy en día mucha gente se lamenta por los precios a los que empezó a vender, entre 310 y 320 dólares por tonelada (incluso pese a haber generando un margen mínimamente positivo), sobretodo mirando los precios de hoy en día en el mercado disponible, algunos de los que llegan a 410 dólares. En otras palabras: 100 dólares por encima de hace tres meses. 
Analizando los motivos de esta suba, éstos se dieron – una vez más – a partir de fuertes recortes en la cosecha de maíz y soja en el Mercosur, ante los desastres climáticos conocidos: seca en el nordeste de Brasil y Uruguay, lluvias e inundaciones en Argentina, Uruguay y sur de Brasil. Los problemas derivados del clima suelen ser los que producen los movimintos más fuertes y los efectos más rápidamente en el mercado. 
Mientras que la demanda suele ser mucho más suave en su evolución (crecimiento o caída), la oferta se maneja por expectativas de precio – previo a la siembra – las que terminan reflejando esa disposición a capturar subas de precios a través de mayor siembra/producción. Sin embargo, una vez tomada la decisión de sembrar, pasarán por lo menos seis meses para tener el cultivo pronto y cosechado. El clima, por el contrario, tiene consecuencias inmediatas, pudiendo hacer recortar de un plumazo 5 millones de tons, como sucede actualmente en Argentina y Brasil.
Mirando la posición comercial de los fondos de inversión especuladores en Chicago, quienes  siempre están un paso antes para darle volatilidad a los precios a través de sus apuestas alcistas o bajistas, sobre mediados de marzo pasaron – en sólo una semana – de estar históricamente vendidos en contratos de soja, a estar muy comprados, después de haber revertido su posición vendida (bajista) a uno de los ritmos más fuertes desde que se llevan registros en Chicago, reflejándolo sobre los precios inmediatamente.
Considerando que los datos de demanda por soja en China prácticamente nunca dejaron de crecer, mientras los fondos estaban vendidos – apostando por bajas – los precios se mostraban flojos, en el entorno de 330 dólares en Chicago (310 en Uruguay). Fue sólo una vez que los fondos empezaron a animar al mercado comprando contratos que, los mismos precios que se mostraban bajos pese a la demanda externa fuerte pasaron a escalar, lentamente primero y violentamente después.
La harina de soja fue – es – fundamentalmente la gran animadora del mercado, habiendo recuperado alrededor de 50% en los últimos meses, a partir de una demanda preocupada, que veía cómo Argentina (principal productor y exportador de esta harina) estaba sumergido literalmente por las inundaciones, que siguen reflejándose hasta hoy en los atrasos logísticos que todavía arrastra en las diferentes etapas (cosecha, transporte a planta, molienda, embarques marítimos). Ante esto, los importadores de harina de soja argentina (que son otros clientes diferentes de China), ya nerviosos por la situación decidieron empezar a comprar barcos de harina en EEUU y futuros de harina en Chicago, haciendo explotar los precios de este subproducto. 
Las industrias de molienda de EEUU compiten por el poroto de soja con el sector exportador de poroto y de harina de soja (la que abastece a los clientes de harina de Argentina que se corrieron a comprar a EEUU). Las fábricas de harina de EEUU entonces empezaron a vender futuros de harina  - aprovechando los altos precios, lo que fue agregar más leña al fuego –  mientras compraban futuros de soja, para asegurarse la materia prima. 
Un combo explosivo, que – sumado a la psicosis generalizada y con la incertidumbre por el impacto final de las pérdidas en Argentina – fueron todos ingredientes como para armar un mercado muy nervioso, que empezó a ver a la demanda real buscando asegurarse producto mientras los fondos especulativos, como siempre, estaban al acecho para agregar nafa al fuego. 
Tras los problemas en el Mercosur, el USDA se despachó el 10 de mayo pasado con un informe extrañamente alcista, en donde la autoridad agrícola de EEUU pronosticaba fuertes recortes en los inventarios finales de la zafra disponible estadounidense (la que está guardada en los silos) mientras que todavía mayor fue el recorte que hizo para los inventarios finales de la zafra de EEUU que está terminándose de sembrar. El USDA es conocido por ser conservador al extremo, solamente recortando cuando no tiene más remedio y mucho tiempo después de lo que el mercado le exige sincerarse. 
De la misma forma, mantuvo su instinto conservador con la cosecha sojera del Mercosur, recortando los pronósticos de forma tan irrisoria como mezquina, dejando flotando la sensación de haber vuelto a subestimar las pérdidas de la cosecha sudamericana. Al cierre de este artículo, coincidiendo con el día de publicación del informe correspondiente a junio, el USDA volvió a corregir fuerte a la baja sus inventarios finales propios, empezó a recortar más fuerte los de Brasil (en maíz y soja), mientras que mantuvo su cálculo de mayo para Argentina. 
Los cálculos para EEUU aparentemente están hechos en base a fundamentos con clima relativamente normal. El recorte de este nuevo informe podría deberse a los pronósticos climáticos que aumentan la probabilidad de una año Niña para la zafra estival en EEUU, lo que implica menor nivel de lluvias: condiciones más secas para el desarrollo de los cultivos.
En resumen, los fuertes aumentos se han dado en base a la debacle climática en Sudamérica, tras la que fueron los fondos, previendo los problemas que vendrían con las pérdidas y retrasos en la cosecha de Argentina, poniéndose a comprar agresivamente contratos y, por ende, haciendo subir los precios, en lo que termina siendo la profecía autocumplida: creo que el precio va a subir y por eso entro a comprar fuerte, lo que por sí mismo termina provocando los aumentos.  Y esto sin considerar que, pese a que la subestimen, la demanda china por poroto de soja siempre estuvo. Y más fuerte que nunca. 
El mercado climático que actualmente está dándose en EEUU llega con un mes de anticipación, cuando generalmente lo hace al mes aproximadamente de completada la siembra. El mundo acaba de asistir al desastre argentino, por lo que parecerían poner a remojar las barbas, conscientes de lo que puede llegar a provocar el clima. 
Con los datos actuales, los inventarios finales de soja en EEUU serían todavía más del doble de los niveles de existencias frente a los que la soja cotizaba a más de usd 500, aunque actualmente la combinación de factores está llevando a los precios a superar los usd 400 a levantar de chacra, para la zafra nueva en EEUU. Brasil es todo un tema en sí mismo y ya tiene precios para mercadería puesta en puerto de alrededor de 460 usd/ton. 
¿Hay forma de prever todo esto? Seguramente no con este grado de detalle. Lo que sí existen son los instrumentos que ayudan a cubrirse de eventuales bajas que, en momentos como el actual, es fundamental poder fijarse el margen por tonelada pretendido y, así, trancar un precio objetivo, por lo menos para calzar costos y después seguir prendido de posibles alzas posteriores en el mercado. Armar diferentes escenarios y sus estrategias correspondientes, con tiempo, planificando y con profesionalismo.
Lo mejor de todo, es que esto no implica ni comprometer kilos ni calidad, ambos elementos que faltaron en la presente zafra en Uruguay. Que los precios actuales de 420 dólares no pueden ser capitalizados por los productores, con la mayoría vendido en 320, es cierto pero sólo parcialmente. La nobleza que el uso de seguros de precios (puts) tiene es el de construir un piso al precio final de venta, independientemente del momento en el que termine vendiendo el grano físico. Además implica beneficios financieros, por menor uso de flujo y liberación de éste para cancelar otros compromisos. Desde el aspecto tributario también representa una ventaja, al estar exento de impuesto a la renta, en caso de hacer un margen positivo en Chicago.
Entonces, usando puts, cubriendo y calzando costos, uno puede estar tranquilo de haber atado buena parte de los costos, asegurándose un piso efectivo en el precio de venta final. Y después sí, poder ir a cuanta charla de mercado y futurología que se quiera, con varias alternativas a disposición, mientras todos esperan por un salto en el precio del grano físico como única estrategia comercial.
 
FIMIX agrofinanzas
José Ellauri 570, Of. 802 
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2710 4758 | 099 106 792 
099 414 030
www.fimix.com.uy
 

Se van acomodando los porotos en la región

Argentina está de vuelta. Ya no hay dudas de ello. El país que hace algunos años empezó una carrera contra la inflación interna con medidas que restaron competitividad y rentabilidad al campo, ahora vuelve a por lo que le pertenece. El nuevo gobierno entró a la cancha trancando fuerte y, ya en los primeros días, determinó la liberalización en el tipo de cambio, dejándolo flotar libremente, eliminó las retenciones a los cereales y las bajó parcialmente para la soja.
Dos meses después, nos encontramos con los exportadores argentinos participando – y ganando – en todas las licitaciones y negocios habidos y por haber en el mercado internacional. El tipo de cambio se puso a tiro, aunque la entrada en masa de divisas para reconstituir las reservas del Banco Central, provocó que el valor del dólar no se haya disparado al punto que se manejaba previamente. El trigo argentino vuelve a Brasil, pese a que la calidad está en términos parecidos al uruguayo. El maíz y la soja empiezan a ganar espacio, el primero como grano exportado y la segunda, como materia prima para ser molida y vendida como harina.
En Brasil, todos los organismos de investigación y mercados indican que tendrá una muy buena cosecha (100 millones de tons), incluso mayor que la última (96M TT). La fuerte seca establecida en el Mato Grosso, parece haber cambiado en el momento justo por lluvias que cambiaron las expectativas del mercado, en aquel entonces del entorno de 95 o menos por las cifras indicadas más arriba.
El productor brasilero ve cómo su producto sube de precio un día tras otro, alimentado por una devaluación del Real que lo posiciona para aprovechar toda mejora en el precio en moneda local. También, Brasil está en el período entre zafras, con el colchón de disponible que se va terminando, el productor que no vende, una cosecha nueva apenas arrancando y los compradores (industria interna y exportadores) que empiezan a tener que hacer valer el producto para poder hacerse con él lo que, sumado, recalienta el mercado de soja física.
El aumento sostenido en el tipo de cambio trae como contrapartida que los vendedores de insumos en ese país empiecen a facturar sus ventas a los productores también en Reales, pero tomando como referencia el tipo de cambio del día de facturación, con lo que la fiesta tiene un límite.
Brasil está vendido en alrededor en más 50% de su producción y, debido a la seca, el productor se retiró del mercado por casi tres meses, a la espera de asegurarse tener un producto con el que honrar los contratos firmados. Al momento de escribir este artículo, la cosecha brasilera está en 4% del total, pero no será hasta que el promedio esté bastante más avanzado que el productor se decida a comprometer más producto, en procura de seguir aprovechando las condiciones en el tipo de cambio y de escasez de producto. Los exportadores están esperando poder hacerse de más mercadería, con sus márgenes ya establecidos de antemano, aunque teniendo que empezar a abrir la billetera en la medida que la cosecha – y la predisposición vendedora del productor – siga sin ver fuertes avances.
En los últimos días el tipo de cambio en Brasil cayó fuertemente, de 4,10 a 3,99 Reales por dólar, lo que llevó a que, lo poco que había vuelto a vender el productor, volviera a frenarse a la espera de que se despeje el panorama hacia adelante. Todo dependerá de la posición final del productor brasilero, una vez que avance la cosecha, se confirmen los buenos rindes y empiece a presionar sobre el mercado de contado, esta situación llevaría a ver normalizarse el flujo comprador de abastecimiento, vía volúmenes y precios internos, lo que podría llevar a que Brasil salga todavía más fuerte a vender al exterior, lo que será a todas luces bajista para el resto de sus competidores.
En Uruguay y Argentina, todos mirando al cielo, a la espera que se cumplan los pronósticos de las muy necesitadas y esperadas lluvias. Los precios no se mueven y no llaman al interés vendedor, mucho menos con el tema climático de por medio. De todas formas, el panorama general de corto plazo muestra a China comprando en Sudamérica, en Brasil más precisamente, con un precio más competitivo que EEUU, con este país quedándose con cada vez menos producto disponible, a la espera de la siembra de primavera en el hemisferio norte.
Pocas noticias que muevan al mercado y a sus precios, con posibilidades de mientras tanto ir jugando en Chicago, entre bandas de precios en los que se mueven los valores últimamente. Esto requiere de una estrategia establecida de antemano y clara, sin tener que estar pendiente todo el día de ello, simplemente programando el sistema para que opere por uno a los valores definidos como meta y solamente poniendo el 6% del valor total cubierto.
Mientras se espera por el mercado disponible uruguayo, es una forma de ir ganando algunos dólares que sirvan para volcar al número final.
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CUANDO EMPIEZA A AMANECER…

Lecheria

Mientras cerramos este artículo, el USDA se despachó el día anterior con un sorpresivo informe mensual de oferta y demanda interna y mundial, en donde la soja se gana todos los titulares, al recortar fuertemente los inventarios finales de la oleaginosa en EEUU, tanto para la zafra disponible, como para la futura. 
 

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Qué esperar, cuando estamos esperando

Mientras escribimos estás líneas, sobre fin de noviembre, empezamos a redondear el año calendario 2015 (con toda la zafra de verano por delante) en medio de un panorama repleto de interrogantes.
Si bien la presente zafra no parece a priori arrancar tan en desventaja como la 2014/15, en la que los costos venían altos y sin ajustar mientras que los precios de venta entraron a desbarrancar sin que la mayoría aprovechase los valores históricamente altos para hacer caja, de todas formas el panorama por delante es incierto frente a la inevitable toma de decisiones.

Los efectos bajistas se han hecho todos presentes, con EEUU una vez más sorprendiendo con una segunda cosecha consecutiva perfecta. Esto, sumado a una súper cosecha del Mercosur también por segundo año consecutivo, provoca el efecto empalme de inventarios, que no es otra cosa que aquellos volúmenes que – por enormes – no consiguen ser completamente absorbidos por una demanda que, si bien ávida por producto, no alcanza para comerse todo lo que se le ofrece. Conclusión: queda grano guardado – y mucho – pero la demanda ya no tiene apuro por comprar algo que sabe que es abundante y, por ende, barato.
Comercialmente, el productor americano está retirado del mercado y no quiere saber de nada con vender soja, a los valores actuales. Tampoco los productores del Mercosur, con excepción de Brasil, que vio un efecto de caídas atenuadas por una mejora en el tipo de cambio, más por cuestiones políticas que económicas.
Así es como cuando no ha terminado siquiera de sembrar, el productor brasilero ya se encuentra vendido entre 40-45% del volumen que espera producir. Esto es el segundo mayor registro de la historia por lo que, llamándose a prudencia, ha decidido retirarse del mercado, concentrarse en las tareas de siembra y no volver a comprometer mercadería por lo menos hasta entrado 2016. El volumen comprometido, lo hizo siguiendo el tipo de cambio al alza, recibiendo mejores precios en Reales, en la medida que el dólar valía cada vez más. El efecto inflacionario experimentado a raíz de esto, es otro de los elementos de análisis que hace pensar a los brasileros en aguantar la venta, ya que los Reales que recibirá irán perdiendo valor por el efecto de ajuste en los precios.
Uruguay se muestra, igual que EEUU, con muy pocos negocios concretados históricamente, esperando por oportunidades que el mercado pueda ir dando.
Argentina, por su parte, está asistiendo a un cambio de dirección política y económica, cuyos efectos se espera empezar a ver más temprano que tarde. Los rumores empiezan a ganar la calle y el mercado y el propio presidente electo debe salir todos los días a descartarlos.

Lo que se puede ver para adelante, es el cambio en la línea económica y en la política comercial interna y externa del nuevo gobierno. Se especula con que el vecino país todavía guarda más de 10 millones de toneladas de soja, habiendo vendido únicamente lo estrictamente necesario para hacer caja y afrontar el pago de gastos, a la espera de un sinceramiento en el tipo de cambio, el que se espera confluya en uno único.
El gobierno electo también ha adelantado en la campaña electoral su intención de avanzar con la desregulación en la política comercial externa, lo que se traduce en eliminación de los registros de exportación para los cereales, además de la baja escalonada de las retenciones a estos productos y a la soja, entre otros.
En un escenario en el que se espera una mejora en la competitividad argentina, por aumento del tipo de cambio y eliminación paulatina de detracciones a las exportaciones, podría tenderse a pensar que los productores saliesen a quemar su producción y hacerse de dinero fresco. El problema es considerar si esto realmente será tan así, cuáles son las expectativas del mercado argentino (productores, industria, exportadores) y si realmente es sensato pensar en que salgan a vender rápidamente, lo que podría implicar una baja violenta en los precios de los productos, valores que ya se ubican en mínimos de varios años.

Mientras tanto, los chinos podrán seguir sin apuro y abasteciéndose en EEUU hasta promediando el verano del hemisferio sur, si bien los volúmenes de soja comprada son menores vs lo adquirido el año previo.
En cereales, el nuevo presidente argentino ya manifestó que su primer viaje al exterior será a Brasil, su principal cliente histórico (de trigo y de otros productos) el que se retiró de las compras a partir de la implementación de la política comercial externa que está llegando a su fin, debido a que los exportadores argentinos se quedaron sin producto para vender a sus vecinos. Actualmente, Brasil le compra a EEUU aquello que Argentina dejó de proveerle, por lo que en este producto quizás sería más esperable pensar en medidas más drásticas y rápidas para volver a posicionar al trigo en el gigante norteño.

Teniendo en cuenta que el trigo uruguayo siempre se vendió ‘’a caballo’’ del argentino – cuando ellos vendían a Brasil, Uruguay debería aprovechar a venderle el suyo también – es una buena noticia la vuelta de los argentinos al ruedo triguero, mercado que para nosotros es esencialmente regional. Posibilidades para todos. Es cuestión de concentrarse en las calidades a vender al exterior.
De darse este escenario, el trigo iría generando liquidez y entrada de las divisas tan ansiadas por el gobierno. En el caso de la soja, como fue explicado líneas arriba, el partido es más estratégico y cualquier intento de vender todo al mismo tiempo (liquidar) puede generar un efecto contrario al buscado. Es lo que los argentinos actualmente expresan que sería como ‘’pegarse un tiro en el pie’’. Tanto esperaron para la flexibilización de las condiciones comerciales que ahora, con precios deprimidos, la consigna no parece ser hundir el mercado todavía más.

Cualquier medida que se lleve adelante debería estar respaldada por fundamentos sólidos y ese panorama se tendrá sólo una vez que terminen de contabilizar las reservas del Banco Central. Nada se hace de la noche a la mañana y la política es el arte de lo posible. Todo puede ocurrir y siempre hay que esperar lo inesperado. Pero también es momento de sentarse a plantearnos las expectativas, cuáles diferentes escenarios esperar y planificar y tener a mano aquellas medidas y decisiones para cada uno, de forma de poder actuar rápido cuando llegue el momento de aprovechar las oportunidades que el mercado nos vaya planteando.

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Bienvenida volatilidad

 

Al momento de escribir este artículo, las chacras de verano están prontas, con las cosechadoras buscando entrar a levantar los cultivos pero el agua – cuándo no – mantiene a todos a raya y desesperados por poder empezar a hacerse del grano, cuyo precio ha tenido a maltraer a todo el mundo desde un tiempo a esta parte.
Incluso para la zafra actual, en la que ha habido fuertes ajustes en los costos, la posibilidad de sacar buenos rindes de aquellas chacras de primera que llegaron a recuperarse, el punto de equilibrio ha venido subiendo conforme bajaban los precios y las reservas de agua (y rinde potencial) en los perfiles.

Mirando en perspectiva, la posición julio en Chicago acaba de cerrar en máximos de 2016, en el entorno de los usd 344/ton, representando esto el mayor valor, no sólo en 2016 sino desde el 03 de agosto de 2015, previo a la cosecha de verano en EEUU. Asimismo, el índice del dólar futuro, acaba de tocar su menor valor desde fin de agosto de 2015, ante la confirmación de subas en las tasas de interés en EEUU que llevan al desinterés de los inversores por quedar posicionados en dicha moneda.

En medio de todo esto está el crudo, que viene recuperando su valor tras caer desde los máximos que tocó a mediados de marzo de este año, así como recuperando posiciones como no lo hacía desde fin de 2015.

En Brasil, el tipo de cambio nominal fue y vino más que nada por aspectos políticos, estando en medio de una crisis institucional como hace 25 años no se vivía en ese país. A fin de setiembre pasado, cuando tocó los 4,20 reales por dólar, fue cuando se vendió el mayor volumen de soja, empezando a retraerse el volumen vendido conforme se iba apreciando el real. Pese a la gran oferta potencial que existe de parte de Brasil – que se encuentra completando una cosecha aparente del entorno de 100 millones de toneladas – el precio recibido no conforma al productor brasilero y ese mismo volumen que deja de vender – y que los compradores necesitan igual – buscan compensarlo al menor parcialmente comprándose en Chicago, lo que en última instancia levanta los valores ante esta demanda adicional.

Los fondos de inversión en la bolsa de Chicago pasaron en las últimas tres semanas desde una posición netamente vendida (más contratos de venta que de compra) a netamente comprada.

Mientras tanto, los fundamentos del mercado vinieron, como siempre, acompañando, ya que por los mismos motivos que hasta hace poco los precios deberían haber subido – y no lo hacían – ahora sí lo hacen. ¿Qué cambió en este interín? Precisamente, el posicionamiento y las apuestas de los fondos sobre qué irá a ocurrir con los la oferta y demanda mundial del producto.
La soja tocó mínimos el 22 de febrero de 2016, llegando a usd 319/ton ahora se encuentra en máximos, de USD 344/ton. Esto indica que en un mes y medio, el precio subió USD 25/ton

Ahora, el congreso en Brasil acaba de aprobar el inicio del proceso que desembocaría en el juicio político a la presidente Dilma, y para el que habría mayoría para aprobarlo.
¿Qué puede pasar de ahora en más? ¿Que Brasil cambie su presidente? Está dentro de las probabilidades. ¿Qué Dilma se mantenga en el cargo? Probablemente. ¿Que Brasil coseche cerca de 100 millones de toneladas? Es una posibilidad cierta. ¿Qué EEUU vuelva a sembrar un área record? ¿Por qué no?

Entonces, ¿qué puede pasar con los precios? Que cada uno le ponga su expectativa, que sepa sus costos de producción al detalle, que dedique su tiempo a simular escenarios y tener los planes de comercialización prontos para ser ejecutados, con el volumen de cada lote y de precios objetivo, fríamente determinados. Más todavía cuando la expectativa durante toda la zafra fue que si el precio superaba los USD 310 por tonelada, el productor uruguayo empezaría a venderse.

Naturalmente que hay que empezar por cosechar para estar tranquilo y poder llegar a comprobar que lo que está en pie en la chacra esperando a la cosechadora, llegue al silo sin mayores contratiempos.

Si con un objetivo de precio en usd 310, con una cotización en Chicago que varió 25 dólares y se activó solamente en las últimas seis semanas (tras tocar mínimos a fin de febrero pasado), con un real que se apreció casi 20% en los últimos seis meses y secó las ventas del productor brasilero, mientras Brasil levanta una cosecha desbordante, que no termina de inundar los mercados.

Con un dólar que cae a mínimos desde agosto de 2015, con una situación de inestabilidad política en Brasil, que realmente no se sabe cómo terminará, con una Argentina que sufre las mismas inclemencias climáticas que Uruguay, con un precio del crudo que depende de lo que un grupo de pocos miembros termine aprobando, definiendo así el volumen de crudo explotado y – con ello – la suerte de los compradores mundiales.

Con todo este resumen, se aprecia claramente la volatilidad que volvió a los mercados y cuánto se la extrañaba. Se trata de aprovecharla, así como los momentos que genera.
Siempre volviendo a lo fundamental: levantar los quilos que se tienen previstos y no tener pérdidas mayores, ya que sin el grano físico, todo el negocio de las coberturas queda sin sustento.

Si con todo eso, los precios actuales de USD 325/ton no son considerados dignos de ser aprovechados hoy en día, comprometiendo mercadería o usando opciones en Chicago para ir escalonando ventas en suba, quizás después de ésta no vengan muchas chances más que puedan ser aprovechadas en el corto plazo.

 

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Ing. Guillermo Kuster

Cr. Gusmán Ríos Sallaberry